Hola, amigos y amigas.
Escribo esta entrada a manera de despedida de este espacio, Impresiones desde Utopos, que he ido alimentando durante algunos años con reseñas varias. Pero es una despedida y, al mismo tiempo, una bienvenida a mi nueva casa virtual, a la que podrán acceder en la siguiente dirección web:
danielbernalsuarez.com
Así que, si quieren seguir leyéndome, en la nueva web podrán acceder a todo tipo de información relacionada con mis actividades literarias, así como los cursos y talleres que imparto, y también daré cabida a reseñas sobre libros, breves ensayos, etc.
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Nos vemos.
¡Saludos!
viernes, 26 de julio de 2019
jueves, 3 de noviembre de 2016
El Breviario negro de Ángel Olgoso
Recoge Ángel Olgoso en este Breviario negro 41 piezas de artesanía lunar. Relatos brevísimos, alguno de los cuales podría considerarse incluso microrrelato, pero cuya duración narrativa propende al infinito. Hemos de asumir que extensión y duración narrativa no son, en efecto, equivalentes. La brevedad de estas piezas se ve sobrepasada por la dimensión de exceso verbal que las circunda. No hablamos solo de la riqueza léxica desplegada por el autor, algo a valorar en época de anemia estilística como la nuestra, sino de todo acto de manipulación del lenguaje: desde la elección de los vocablos al fraseo rítmico, desde las imágenes súbitas a los paralelismos, desde el demorado regusto en las enumeraciones hasta los convólvulos de las oraciones compuestas. Todo coadyuva a generar una sobreabundancia verbal que atrae la atención sobre la propia materia y hechura expresiva de los relatos. Así, pues, el tiempo empleado en leerlos reverbera en la mente y se duplica la intensidad emotiva asociada a la experiencia de lectura.
lunes, 17 de octubre de 2016
Pobreza, de Víktor Gómez
«Un poema político no tiene por qué ser transparente»
Enrique Falcón, Las prácticas literarias del conflicto
¿Para qué poetas en tiempos sombríos?, inquiría en un célebre verso el poeta alemán Hölderlin [1]. ¿Para qué poesía -o más precisamente: qué poesía- en tiempos de miseria? Desde hace algunos años, en España se ha manifestado una corriente plural de poetas que hacen de la miseria, del tiempo sombrío, el centro y eje de sus poéticas. Múltiples etiquetas se han esgrimido para aglutinarles, pero cierto es que sus prácticas lingüísticas, sus posicionamientos frente a la materia de aquello con lo que trabajan, la palabra, evidencia una disparidad considerable de criterios y abordajes.
La poesía de Víktor Gómez no es ajena, en modo alguno, a estas formulaciones, por cuanto se ha desarrollado en una vinculación constante con los márgenes, en toda la dimensión simbólica y social del término. Nacido en Madrid en 1967, es un reconocido activista cultural en Valencia, desde donde coordina la Asociación Poética Caudal, ciclos de lecturas varios que irradian desde la Librería Primado, y codirige, junto a Javier Gil, la colección ONCE de poesía y ensayo en la editorial Amargord. Ha publicado hasta ahora los siguientes poemarios: Detrás de la casa en ruinas (2010), Huérfanos aún (2010), Incompleto (2010), Trazas del calígrafo zurdo (2013) y Pobreza (2013). De este último volumen, editado por Calambur, nos ocuparemos a continuación [2].
miércoles, 15 de junio de 2016
Sinfonía de los sentidos en clave de sol
En el último verso de uno de sus poemas, Roberto Juarroz menciona el uso de las "palabras caídas", como si nos advirtiera de que la construcción de su particular lenguaje poético, su estética, se fundara sobre la elección de esas palabras caídas, venidas a menos. ¿Pero caídas de dónde y por qué? Estas palabras provendrían de la expulsión -o exilio sufrido de la lengua- por parte de los grandes discursos, ampulosos, inanes e instrumentalizados (y normalizados por las instancias de poder y los medios).
Trazar una filiación con la poética de Antonio Arroyo Silva es del todo pertinente respecto de estas palabras caídas, pues el mismo Antonio refiere en Sísifo Sol, su nuevo poemario [1], un rechazo de la belleza absoluta, de ese discurso, como decía antes, de una grandilocuencia fatua y ensoberbecida, de una belleza que, si bien en un momento histórico concreto puede representar una búsqueda radical, termina por sucumbir a un proceso evolutivo de desgaste. Y la belleza así, absoluta, rehúye el verbo fundador de una misericordia y un amor concretos por el mundo cercano, por las entidades no de la idea, sino del tacto, del roce, precisamente por su vecindad (así lo comprobamos en el poema liminar del libro La belleza). La hermosura de lo mínimo que respira en las esquinas y crítica, también, del alejamiento que cierta poética de salón -estandarización de un grand style clasicista- esgrime, encerrada en la torre cosificada del lenguaje -según entiende el poeta-, sustrayendo el fondo del ser que puebla la palabra, y quizás ahí la querencia especial de Antonio hacia el Altazor huidobriano y su vertiente femenina, la Asteriza de Astrid Fugellie (aunque esta querencia tenga más relación con la poética -o su aliento- que con la práctica).
martes, 26 de abril de 2016
La libélula o el aleph de Amelia Rosselli
Hace un par de años la editorial Sexto Piso inició una excelente colección de poesía que ha ido consolidándose paso a paso con magníficos títulos. Ediciones de poemarios inéditos en castellano de grandes autoras como Eso o Alfabeto de Inger Christensen o El color del tiempo de Clarisse Nicoidski. Acabo de terminar de releer La libélula, de Amelia Rosselli (con traducción de Esperanza Ortega) y me resulta difícil intentar articular un discurso sobre semejante volumen, sobre todo porque el texto rehúye cualquier fijación, como si su anhelo fuese permanecer en la mudanza, en las formas líquidas.
martes, 26 de enero de 2016
Necesidad de Orfeo de María Teresa de Vega
Acaba de publicarse un nuevo poemario de María Teresa de Vega: Necesidad de Orfeo. Viene a añadirse a su obra como culminación de una trayectoria iniciada con Perdonen que hoy no esté jovial (2001), y continuada en los libros Cerca de lo lejano (2006) y Mar cifrado (2009). Culminación, digo, y maduración, porque si bien Necesidad de Orfeo prolonga ciertas características visibles en sus anteriores entregas, la autora ha sabido construir una pieza armónica, vertebrada en torno al mito de Orfeo, y que fluye con una coherencia interna mayor a la de poemarios precedentes.
lunes, 15 de junio de 2015
Crítica poética de la pintura
De modo paralelo a mi interés por la literatura se desarrolló en mi adolescencia una especial querencia hacia las artes plásticas: enigma irresoluble, la relación que sostenemos con ese puñado de imágenes que altera nuestra consciencia. Percepción de formas, de manchas, de trazos: escritura sin letras, verbo incandescente, ritmo visual. ¿Cómo transformar en palabras, en sucesión de palabras, la intensa experiencia que comportan el descubrimiento de la jovialidad del color en Kandinsky, la irrupción del humor dadaísta, el asombro primigenio e irónico en Arcimboldo o la tenebrosa certidumbre del miedo y la angustia en ciertas obras de El Bosco? Fiel a ese acercamiento proclive a los incautos, en un resquicio de la Revista Fogal procuro acompañar con un artilugio tan imperfecto como una combinación de letras, la exposición de determinadas obras. Desde collages protosurrealistas hasta la abstracción impura, desde lo conceptual hasta el grafiti. Si algo puede signar el arte contemporáneo -para bien y para mal- es la permanente apertura de su propio sentido. Búsqueda incesante que colinda con el abismo y con la pirueta, con el hallazgo y con la trivialidad. De estas multiformes dobleces se nutre, a fin de cuentas, toda (des)dichada vida humana. ¿A qué engañarnos con requerimientos de pureza o esencialismo que son meras construcciones de nuestro cerebro sin asidero en la realidad fenoménica?
martes, 17 de marzo de 2015
Szymborska
Szymborska y la memoria del texto: síntesis, divagación y humor
De
la poeta
polaca Wislawa Szymborska
(1923-2012) se han ido traduciendo al español casi todos sus libros
de poemas
desde 1996, año en el que recibió el premio
Nobel de Literatura
"for
poetry that with ironic precision allows the historical and
biological context to come to light in fragments of human reality",
según dictaminó la Academia Sueca.
En
su discurso de recepción de
dicho galardón, la escritora ubicó como motor de la innovación
creativa, fuera en el ámbito artístico o científico, la
duda.
Algo así como una reivindicación socrática,
más metódica y exenta de las pretensiones del filósofo ateniense.
martes, 24 de febrero de 2015
Crítica literaria. Recopilación de artículos, ensayos y reseñas
La crítica
literaria es un animal que igual puede ser estudiado como una entidad
filosófica o abordado por especialistas en teratología. Su
naturaleza múltiple puede producir la vertiginosa sensación de lo
inabarcable o de lo incomprensible. Como en cualquier disciplina
intelectual, los marcos teóricos que la han nutrido han sido de lo
más diverso. Pero, más
allá de la disparidad
de escuelas y marcos teóricos, lo que produce desazón y
desconcierto es, me atrevo a enfatizar, la variedad de formatos
y medios que la modulan, y la cuestión ética que le es intrínseca.
La proliferación de canales por los que circula la información en
la actualidad determina distintos modos de aproximación. Ominoso -y
causa de consternación- se hace a quien esto escribe el tener que
resaltar obviedades. Un ensayo para una revista especializada posee
unos condicionantes y requerimientos harto disímiles de los de una
reseña en un periódico o una revista literaria. La dependencia no
es es solo respecto de las características instrumentales o
tecnológicas del canal, sino también de los usuarios finales que
leerán dicho texto. Si me detengo en ello es porque no falta quien
pretende que toda crítica literaria debe reducirse al género menor
por antonomasia: la reseña. Y hacer de ella un dechado de virtudes
simplificadoras.
martes, 10 de febrero de 2015
Ruido o luz
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| Ruido o luz. Ernesto Suárez, Daniel Bellón y Carlos Bruno. Amargord Ediciones. |
Lo
primero que quisiera resaltar de este poemario, Ruido
o luz, es su generación como obra
colectiva o, si se prefiere, de autor colectivo. En efecto, se trata
de la particular conjunción creativa de Ernesto Suárez, Daniel Bellón y Carlos Bruno. Tres poetas que portan,
a sus espaldas, una trayectoria
específica y que se han vinculado en varias ocasiones para realizar
proyectos como el de Cartonera Island,
la revista La casa transparente
o las ediciones de La calle de la costa.
Lo interesante es, pues, que hayan decidido abolir su autoría
individual para favorecer una creatividad del hallazgo común. En
nuestras sociedades del hiperindividualismo -donde
la conciencia narcisista ha sustituido a la conciencia política,
para decirlo con palabras del filósofo Gilles Lipovetsky-,
en las que la nutrición del ego está a la orden del día, una obra
colectiva trabada a ratos por la amistad, las alianzas fortuitas o
premeditadas, implica una crítica y un rescate. El de la idea del
arte como fenómeno compartido.
lunes, 10 de noviembre de 2014
José Carlos Cataño o la unidad de una respiración cambiante
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| Artículo en el suplemento El Perseguidor de Diario de Avisos |
La
obra de José Carlos Cataño (La Laguna, 1954) abarca prácticamente todos los géneros literarios, aunque la vertiente poética sea la principal y actúe como unificadora del
conjunto. Su poesía reunida desde 1975 a 2005 figura en el volumen
El amor lejano (que
incluye los siguientes libros: Disparos
en el paraíso, Muerte
sin ahí, El
cónsul de Mar del Norte, A
las islas vacías y Para
enterrar a los muertos en las palabras).
Con posterioridad ha editado el
poemario Lugares que fueron tu rostro.
Además, su escritura conoce tanto el ensayo (deliciosa recopilación
es Aurora y exilio),
como la novela (De tu boca a los cielos
y Madame)
y los diarios, cuya primera parte nos ha ofrecido en Los
que cruzan el mar.
martes, 22 de julio de 2014
El primer presagio de Miguel Ángel Serrano
Publicado originalmente en Culturamas.
El escritor Miguel Ángel Serrano (1965), autor de las novelas Tango,
Jardín de espino y El hombre de bronce, acaba de
publicar su primer poemario bajo el sello Bartleby. Enfrentarse con
un primer volumen de poemas suele entrañar la difícil situación de
abordar la lectura de inmaduras composiciones. Semejante perspectiva
no se cumple en Un presagio. Ciertamente, la voz de Miguel
Ángel Serrano se nos muestra aquí forjada en metálico resonar.
Sustancia, la de sus versos, no volátil, sino hiriente conciencia.
martes, 15 de julio de 2014
Un licencioso obispo fetasiano: Conversaciones con Rafael Arozarena, de Roberto García de Mesa
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| Conversaciones con Rafael Arozarena |
En octubre de 1998, Roberto García de Mesa realizó una larga entrevista a Rafael Arozarena que, por razones de espacio, se publicó muy recortada en el periódico El Día. A los pocos meses, Roberto decidió que aquel trabajo podía prolongarse en un libro entero. El resultado se publicó en 2004 y ostenta por título Conversaciones con Rafael Arozarena. El proyecto, que abarcó unas catorce horas de grabación, figura dividido en 19 capítulos. A continuación enumeraremos sucintamente algunos temas relevantes tratados en este opúsculo.
jueves, 3 de julio de 2014
Sobre la poética de Miguel Ángel Curiel
La revista Fogal recoge en su primer número mi breve ensayo sobre la poesía de Miguel Ángel Curiel, una de las voces más singulares e interesantes del actual panorama poético español. Comentamos en él diversos aspectos que, entreverados, revelan la potencia de una palabra poética que nos remite a las nociones de sacralidad, misterio y conocimiento. Pueden leerlo haciendo click sobre el enlace (y, de paso, naveguen por el resto de secciones de la revista donde encontrarán un buen puñado de textos creativos y críticos de distinta naturaleza):
- Palabras de abismo. Sacralidad, misterio y conocimiento en la poética de Miguel Ángel Curiel.
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| Miguel Ángel Curiel |
martes, 17 de junio de 2014
La mala hierba de Lu Xun
La mala hierba. Lu Xun. Bartleby Editores. Traducción de Blas
Piñero Martínez.
La actividad creativa de Lu Xun (1881-1936) se desarrolló en el
primer tercio del siglo XX, en la China de la república sometida al
dominio parcelado de los llamados señores de la guerra.
Aparte de La mala hierba, concebido entre 1924 y 1926, y
publicado por esos mismos años en revista antes de ser compilado en
libro y editado en 1927, sobresalen en su producción la escritura de
Diario de un loco (1918) y La verdadera historia de AQ
(1921), ambas obras vertidas al castellano.
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| La mala hierba - Lu Xun |
martes, 3 de junio de 2014
Microcosmos de la tensión
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| El Ángel esmeralda - Don DeLillo |
El ángel Esmeralda. Don DeLillo. Editorial Seix Barral.
Traductor: Ramón Buenaventura.
Publicado originalmente en Culturamas.
Si recordamos el célebre aserto cortazariano según el cual el
cuento se asemejaría a la fotografía y la novela a una película,
pudiera entenderse que la única posibilidad del relato sería,
entonces, la del fogonazo, la pura concentración. El desarrollo de
la existencia, con sus altibajos y sus accidentes geográficos, le
estarían vedados al cuento, siendo su seno natural la novela. Cabría
recordar cuán a menudo las hipótesis creativas de los autores sólo
sirven como pretexto explicativo de la obra propia y que, gracias a
la propia dinámica evolutiva de la cultura y de los grupos humanos,
todo aserto sintético adquiere estatuto de virtualidad, superándose
o siendo negado por los propios hechos culturales. Así, verbigracia,
El ángel Esmeralda, conjunto de relatos del novelista
norteamericano Don DeLillo, coincide parcialmente con la máxima
cortazariana: el relato es fogonazo, sí, pero también transcurso,
dilatación, vívida recolección apretada y/o secuencial de
existencias anónimas. El poderoso ejercicio narrativo que DeLillo
despliega en estas nueve narraciones nos brinda microcosmos
fascinantes.
En los nueve relatos que
componen este volumen, DeLillo genera unos personajes que se ven
enfrentados a situaciones límites. Narraciones tensas en las que la
textura del propio relato se amolda a las emociones que experimentan
los personajes. El escritor norteamericano modula y dosifica
sabiamente el ritmo narrativo: cada cuento, aun el de factura
aparentemente más insulsa, simula un artefacto de relojería. Los
relatos configuran mundos narrativos con sus desajustes y
antinomias, potenciados por la gran capacidad descriptiva de DeLillo.
En algunos cuentos el autor va
reconstruyendo la vida de los sujetos mediante fragmentos
descriptivos de detalles que comportan una gran carga de
significación. Un recurso interesante es la utilización peculiar
que hace de las enumeraciones en algunos párrafos, así como los
ocasionales guiños irónicos, la aparición de segmentos
esencialmente reflexivos, hipálages asombrosas o el absurdo de
algunas situaciones. Por ejemplo, en el relato que da título al
libro, centrado en los personajes de dos monjas y una pequeña que
vive en los bajos fondos del Bronx, tras dibujar ciertos aspectos
ominosos de la vida de los habitantes de dicho barrio, vemos cómo
arriba a la zona un autobús con turistas europeos portando sus
cámaras fotográficas para rescatar quizás lo pintoresco de la
miseria; el autobús ostenta un letrero con la inscripción “Sur
del Bronx surrealista”. Una de las monjas, ante semejante
espectáculo, les increpa arguyendo que aquello no es surrealista,
sino realidad pura. Que lo surrealista es la presencia de aquellos
turistas allí. El absurdo, pues, como acto representacional y,
también, como conciencia súbita de los dobleces que la realidad
esconde, la coexistencia de contrarios que no se anulan. El relato,
tras la crudeza de lo que nos narra, finaliza con la síntesis
mediática de una fe menor, la fabricación casera de un mito.
Pasemos a comentar brevemente
algunos aspectos de estos cuentos. En Medianoche en Dostoievski
ocurren hechos hilvanados por la mera sucesión de los personajes, el
espacio y el tiempo. La historia parece un juego detectivesco basado
en la invención (un juego espejeante de intriga ficcional dentro de
la propia ficción), por parte de dos estudiantes, de la vida de un
sujeto al que siguen. En relatos como Creación o El
corredor se nos habla de las debilidades humanas; así, en
Creación asistimos a la angustia por la imposibilidad de
salir del paraíso tropical elegido por vacaciones y a una
sorprendente infidelidad (en cierto sentido, este texto exhibe
ciertas reminiscencias de Los cautivos de Longjumeau, de Léon
Bloy, que tanto agradaba a Borges y que éste veía como precursor de
Kafka). Atento a los conflictos de actualidad, La hoz y el
martillo explora el aislamiento penitenciario y la crisis
económica, así como la adicción tecnológica y el hiperconsumo de
información (uno de los recursos más interesantes es la conexión
entre dos niveles narrativos: dos niñas se comunican con el
personaje principal a través de mensajes secretos que envían por
televisión, en un programa de información bursátil). Acaso la
mejor pieza del volumen sea Momentos humanos de la Tercera Guerra
Mundial: por su ambición, por la alianza entre ese futuro
presentido con recelo y la presencia obsesiva de dos personajes
distintos en un ambiente estrecho y aislado, por sus fobias y ese
toque mágico de unas voces que dos astronautas reciben desde el
pasado. A su vez, el miedo es manifiestamente una de las emociones
más exploradas; en La acróbata de marfil se produce el
redimensionamiento de un miedo real por un terremoto, convirtiéndose
en una paranoia permanente por la posibilidad de su repetición; y en
Baader-Meinhof, otro de los cuentos imprescindibles de esta
compilación, el narrador comienza con una écfrasis que conjuga una
exposición artística y la reflexión sobre el objeto de dicha
exposición: los últimos instantes de la vida de los componentes de
la Fracción del Ejército Rojo; a la mitad del relato, un vuelco
narrativo evidencia cómo una pesadilla puede concretarse entre las
sombras de la rutina y su supuesta seguridad.
En El ángel Esmeralda
DeLillo crea núcleos primordiales de narración, casi como si se
tratara de huevos cósmicos o átomos primigenios que se desarrollan
dando lugar a microuniversos habitados por criaturas, espacios y
acciones singulares. Y, a partir de esos núcleos, explora una
amplitud de posibilidades de sumo interés, donde la tensión cruza,
a modo de mediatriz, la línea imaginaria que conforma cada texto.
martes, 27 de mayo de 2014
Sobre Rising Sun de Miguel Ángel Galindo
La revista mexicana Círculo de Poesía ha publicado mi breve ensayo sobre el último poemario de Miguel Ángel Galindo: Rising Sun (2013). Pueden leerlo aquí:
Sobre Rising Sun: las constelaciones de un Rabdomante
Sobre Rising Sun: las constelaciones de un Rabdomante
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| Rising Sun - Miguel Ángel Galindo |
martes, 20 de mayo de 2014
Los signos del asombro
Sobre abierto.
Rafael Cadenas. Editorial Pre-textos. 76 páginas.
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| Sobre abierto - Rafael Cadenas |
Si toda misiva porta un
mensaje cifrado, la apertura de un sobre sería una invitación a recorrer esa
carta, a comprender esos trazos que llamean desde la página y que, acaso, nos
iluminen con sus ignotas revelaciones. En Sobre abierto, el último
poemario del venezolano Rafael Cadenas, el poema se brinda como repentina
fulguración, en una transparencia sin lacre: al sujeto poético le son desvelados
ciertos aspectos de la realidad en un tono ora de celebración, ora nostálgico,
pero siempre instante encendido del pensamiento y la sensación.
Encontramos un goce
luminoso frente a ciertos prodigios cotidianos: el vuelo de un pájaro, la
sombra que proyectan unas nubes, el arbusto que brota de una piedra, la
maravilla que aguarda en un rayo de luz solar que se filtra en el apartamento o
en un charco de agua en donde se engendra el arcoíris. Estos descubrimientos
repentinos motivados por señales aparentemente insignificantes comportan una vindicación de la sorpresa o el asombro:
cualquier ente puede ser absorbido por el poema; la experiencia poética puede
aguardar en lo más nimio. Escribe el autor: "No desdeñes nada. / Una rana
le dio a Basho / su mejor poema".
Cadenas erige una poética
centrada en la maravilla del ser, en un ansia de habitar el presente para
escapar de la marea insaciable del tiempo y el yo. A propósito de esta
recepción afirmativa del mundo es elocuente la coincidencia –o reiteración- entre
unos versos de Sobre abierto y otros de la novena elegía duinesa de
Rilke: estar aquí es demasiado, la mera existencia es un hecho abundante,
opimo. En esta primera vertiente de
algunos de los poemas observamos una radical conexión con ciertas formas del
pensamiento poético oriental, especialmente el japonés, y con la tradición
clásica de dicha literatura, indagatoria de una revelación o acceso al ser a
través de breves resplandecimientos (al mismo tiempo que se observa su interés
por las diversas formas del pensamiento místico). De hecho, coquetea con la
esencialidad del haikú (no con su métrica exacta) en algunos poemas breves que
agrupa en series como Trípticos.
La segunda de las
vertientes temáticas sobre la que incide el autor en este poemario es la
memoria y la paradójica configuración de la misma. La memoria acusa esta
dualidad contradictoria: si bien es el asiento que posibilita nuestra
identidad, su edificación, también supone cautividad, un límite para la
apertura del ser y su acción. Cercados por esta falaz y sutil representación
del yo y su pasado, Cadenas pondera la lucidez que comporta cierto grado de
desengaño o escepticismo. En efecto, dice en un poema: "Recuerdo los días
/ en que yo era entero / mas a un precio alto: vivir / ahormado // La
manumisión / es obra del desengaño, el / más refulgente / de los
diamantes". Asimismo, en el poema La búsqueda, y en cierto tono
narrativo similar a los poemas meditativos de Cavafis, se afirma la ineludible
necesidad de las historias, de la ficción, pues "¿qué sería nuestro vivir
/ sin ellas?". Indigencia de la ficción, de los relatos no verídicos en
que se asienta nuestra esperanza; opacidad, en definitiva, de una mitología, el
Grial simbólico del título de otro poema, que colma una aspiración que los años
van agrietando y de donde emergerá, como mácula o filo, la audacia de la duda.
Imposible no evocar, en este sentido, un aforismo del poeta norteamericano
Wallace Stevens en el que decía que "La creencia final es creer en una
ficción, la cual sabemos que es ficción, y que no hay nada más. La verdad
exquisita es saber que es una ficción y que creemos en ella de manera
voluntaria".
En cuanto al lenguaje,
destaca la transparencia del mismo, muy depurado, con preponderancia de la
instantaneidad y un alto grado de condensación. Hay también un ritmo pausado
que gira alrededor de un esencialismo verbal. Sin embargo, en algunos poemas,
la transparencia deslíe la expresión hasta un grado de adelgazamiento
conceptual y formal excesivo. Cabría apostillar que una cierta charlatanería de
lo simple o despojado suele confundir la diafanidad expresiva con la anorexia
crónica, en cuyo caso el poema, más que fulgurar, desaparece de la página por
caquexia, con un gesto lacónico. Esta peligrosa ofuscación acosa algunos poemas
de Sobre abierto.
No pocos poemas,
finalmente, abordan la propia poética del autor. En Idioma, describe
esta tendencia hacia la voz baja, sin estridencia, la enunciación de un
cuasi-susurro: "Rehúyes el énfasis, / bajas la voz, / te acercas". El
buceo en el lenguaje implicaría el encuentro de las palabras justas, evitando
toda impertinente exclamación, silenciando los ruidos y las interferencias,
para crear ese espacio mental propicio al advenimiento. Búsqueda del silencio,
también, para escuchar al lenguaje del cuerpo, zafándose de los dictados de la
tiranía de la propia lengua. Y es que Cadenas
comprende que la relación con la escritura apunta a un más allá de la
materialidad del vocablo, un más allá del signo implícito en el signo mismo: en
definitiva, la inmanencia. Porque "El origen / es siempre ahora", y
el signo se consuma en ese presente perpetuo en el que habita un latir del
asombro que entraña la existencia, oculto o apenas insinuado como
acontecimiento entre las rutinas del día.
miércoles, 16 de abril de 2014
Don DeLillo: la trama inconclusa de América
En un peculiar ensayo en el que el filósofo Walter Benjamin enfrentaba las categorías de narración (en su vertiente oral y épica) y la de novela (como producto moderno de la sociedad burguesa), afirmaba que “En medio de la plenitud de la vida, y mediante la representación de esa plenitud, la novela informa sobre la profunda carencia de consejo, del desconcierto del hombre viviente”. ¿Reflejo, en cierta medida, la novela, del ser moderno y de la mutación de la gran narración legitimadora, de su pérdida definitiva? ¿Espejeante lámina de una expresión carente de consejo por la aniquilación de los valores y triunfo de la lúcida percepción del escepticismo? Muy pertinentes, de todos modos, estas reflexiones para aproximarnos a la lectura de la novela de Don DeLillo, como veremos al final.
Americana está dividida en cuatro partes que se corresponden de modo aproximado con cuatro estadios en la evolución del personaje principal y narrador: David Bell. Éste, joven directivo de una cadena audiovisual, aparece inmerso en una cobertura soporífera, donde las sensaciones de hastío y aburrimiento rigen cada acción. De hecho, la primera frase de la novela nos introduce ya en esta suerte de monotonía: “Llegamos entonces al final de otro año aburrido y cetrino”. Este desvalimiento de la existencia pretende salvarse mediante el recurso a un continuo de estímulos como el sexo con múltiples mujeres, sin llegar a instaurar ninguna relación que dure más allá de esa entrega gratificante de los cuerpos. Aunque la obra está narrada por el propio protagonista, la dimensión del tedio se torna colectiva por cuanto el resto de personajes, de maneras muy diferentes, se abisman en problemáticas análogas a las de David Bell: el amor no existe o, en todo caso, se trata de un producto prefabricado más con fecha de caducidad estipulada. El sexo es concebido entonces como una tabla de salvación, pero su práctica permanente lo automatiza, haciéndose hábito y despojando el posible componente de transgresión o desvelamiento que pudiera tener. Reducido a un convencional ritual de seducción, constituye un síntoma más de un confinamiento alienante. No el acceso al otro como un enriquecimiento del ser, sino una mera manifestación ególatra de satisfacción propia: “La ciudad estaba llena de personas que buscaban al hombre o a la mujer que podría salvarles”.
La segunda parte de la obra es un largo flashback, sustentado en numerosos saltos temporales fraccionados, sobre la infancia y la adolescencia de Bell. Intermedio narrativo en el que se ofrece una cuidada disección de la genealogía mental del personaje, de las experiencias decisivas que conforman su historia, esbozando meticulosamente el esqueleto de su carácter. En la tercera, ya asistimos al hecho decisivo de la novela: ahíto, David pretende huir de sí mismo a través de un proyecto audiovisual consistente en rodar un documental sobre los navajos; esto servirá como pretexto para ese escape. El rodaje de una película sobre sí mismo le llevará a penetrar en un frenesí creativo. La cámara irá absorbiendo fragmentos de secuencias que suponen una indagación: pasado vivido e imaginado confluyen en una búsqueda que se resiste. La película de su vida será, pues, recapitulación, ajuste de cuentas y tentativa de entendimiento. Una de las grandes reflexiones patentes en la obra es, precisamente, sobre el poder de configuración que acarrea la imagen: filtra e implanta visiones del mundo, perspectivas. La existencia termina absorbiendo modos de los medios, refleja sus mensajes (y no a la inversa); cualquier acontecimiento puede entonces simular un déjà vu mediático: nos suena porque lo hemos visto proyectado en una pantalla. Como llega a aseverar David: “Los impulsos de los medios de comunicación iban alimentando los circuitos de mis sueños. Uno piensa en ecos. Uno piensa en una imagen construida a imagen y semejanza de las imágenes”. En este sentido, la introducción en la propia narración de descripciones de programas televisivos, anuncios publicitarios y, sobre todo, del pensamiento del protagonista tamizado en las secuencias fílmicas de la película que va grabando, apunta no sólo hacia un recurso estilístico interesante, sino poderoso por cuanto da medida del influjo de lo audiovisual en nuestra contemporaneidad. Existe una confrontación de representaciones entre la memoria recapitulada y la reelaborada por la imagen: la subjetividad de la segunda reconstruye en todo su volumen la introspección propuesta, dotando de un nuevo discernimiento al pasado, impuesto o reinventado por la mirada que compone detrás de la cámara.
La prosa de Don DeLillo demuestra una gran capacidad descriptiva: las frases delinean y pasan lo mismo de los gestos y conductas de los personajes al mundo inerte de los objetos y ambientes, de las impresiones a la interpretación. DeLillo se muestra ya, desde esta primera novela, como un retratista minucioso e imaginativo, poniendo en escena personajes habitados por historias únicas que rehúyen cualquier estereotipo, verdaderos manantiales de diálogos vivísimos, fructífero dispendio de ingenio. Asimismo, tanto en los diálogos como en los párrafos donde Bell condensa aspectos de su vida, DeLillo usa la yuxtaposición de frases que refieren hechos o temas en apariencia inconexos para retomarlos ulteriormente, como si de una espiral se tratara. Su máxima expresión halla cabal medida en las emisiones del programa radiofónico que lleva un conocido de David, Warren Beasley: delirante conjunción verbal de agudeza y procacidad.
Se suele calificar a Don DeLillo como un narrador posmodernista. No entraremos a discutir esta etiqueta nebulosa cuya definición ambigua, por parte de algunos críticos, ha servido como cajón de sastre que todo lo abarca (para empezar, el mismo debate de si supone una ruptura con el modernismo o la continuidad en ciertos aspectos, o también la coexistencia de un posmodernismo crítico y conflictivo con uno acrítico y superficial). La imprecisión llega al punto de considerar como posmodernismo tanto una narrativa caracterizada por ciertos factores estéticos concretos (la metaficción, oposición al realismo, relevancia de la ironía y lo paródico como marcas presentes en el pastiche, etc.), como por aludir al entorno extratextual que se define como posmoderno, o, incluso, a utilizar como categoría historiográfica la posmodernidad, en la que se desarrollaría la obra de ciertos autores, entre ellos DeLillo. Sí referiremos, en cambio, una característica visible en Americana y que entronca, en alguna medida, con una concepción posmoderna: prevalece una noción de lo inconcluso que se traslada al tejido de la trama; la red de nodos de acción y conflictos de la novela, como la vida del protagonista, está en el propio empeño de su búsqueda o su discurrir, lo cual, amén de un hecho tautológico, niega la resolución: no nos socorre un significado último que legitime ni la trama ni la visión del mundo que pueda desprenderse de la misma, más allá de esa imposibilidad de cierre. ¿La carencia de consejo de la que hablaba Walter Benjamin?
En la última parte de la novela, emancipado de cualquier atadura a su anterior forma de vivir, David Bell parte en busca de algo, el viaje prosigue. Pero ese algo buscado resulta una entidad casi metafísica y circular. La construcción del sentido está en el propio existir que lo rastrea, no en un principio teleológico externo. Como si de un uroboros fuese, las carreteras, los espacios y las gentes le revelan a David Bell la ausencia misma de revelación. Y esa lucidez extrema quizás sea ya haber columbrado las formas que laten fuera de la caverna.
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