domingo, 17 de junio de 2007

Tercer Congreso de Poesía Canaria (II)

a) Idioma e identidad
Tercer Congreso de Poesía Canaria
La primera mesa temática se abrió con la participación de Xavier Frías Conde, que volcó su reflexión sobre la identidad lingüística pensada desde su propia experiencia como poeta en varias lenguas y traductor. Para él, la elección de una lengua u otra como vehículo expresivo es una función (en el sentido matemático del vocablo) de las variables anímicas del poeta. Cada lengua, por tanto, correspondería a una particular visión instantánea de la realidad. A pesar de creer, como quería Nietzsche, que en cierta medida llegamos a los pensamientos a través de las palabras que flotan a nuestro alrededor, ergo, del idioma que se apodera del poeta en un momento dado, sostuvo que no era partidario de la concepción de la naturaleza intraducible de la poesía. Según hemos visto, la diversidad de lenguas sería consustancial con un estado de diversidad de pensamientos.
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Xavier Frías, además, mantuvo que la identidad lingüística no es, de todas formas, un cuerpo tangible o abarcable en su total extensión. Por eso mismo, toda poesía que se precie, independientemente de la identidad idiomática o lingüística a la que se vea sujeta por coyunturas variadas, debe aspirar a la «internacionalidad» de la expresión.
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Continuó la mesa el poeta, profesor y director de la revista La Página, Domingo Luis Hernández, que en un primer momento intentó demostrar la relación entre la tríada poesía-idioma-imaginación. La poesía, como ente verbal, está sujeta al contexto sociocultural de la lengua en que es creada, y adquiere de los mecanismos culturales que la condicionan un particular sentido donde se deposita o más bien, donde ha de surgir la imaginación de carácter verbal.
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Domingo Luis Hernández pasó ulteriormente a esgrimir la endecha por la muerte de Guillén Peraza [1] como paradigma del «desplazamiento central del español», refiriéndose al nacimiento de una suerte de sujeto híbrido con respecto a un plano lingüístico y de identidad, como consecuencia de la confluencia de la carga sociolinguística que traía el español y los accidentes culturales de particular carácter que subyacían a la tradición emergente de lo insular. Asimismo, la identidad se conformaría con la referencia de lo insular al señalar al ser de la ínsula como cuerpo del deseo (así en Pedro García Cabrera y su poema Isla y mujer [2]), y que, al quedar satisfechas las ansias, finalizaría por adquirir corporeidad, reconociéndose el cuerpo del deseo por medio de la lengua con el material físico y sensible de la isla.
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Bernd Dietz hizo girar su intervención basándose en un sistema crítico con ciertos postulados heredados acerca de la identidad y el lenguaje. Comenzó por inquirir en qué lenguaje debería escribir un poeta, para dictaminar que todo poeta escribe con arreglo al público al que anhela hacer llegar su voz.
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Bernd Dietz gravitó luego en la verdadera crítica hacia el sistema clásico y predominante sobre la configuración de la identidad. Para él, ésta no puede hacerse equivaler al yo, debido a la existencia de una pluralidad de «yoes» [3] y que se manifiesta por los diferentes y diversos estados de la conciencia que el individuo atraviesa a cada instante. Bernd se posicionó en el borde opuesto de lo expresado por Xavier Frías, negando la ilación entre pensamiento y lenguaje, y ejemplificando para ello la perniciosa herencia del romanticismo, especialmente la tesis de Herder acerca de la identidad entre espíritu nacional y lengua. La identidad sería, entonces, una guisa de manifestación cultural. Para finalizar, arguyó que el mestizaje cultural no debería servir de alegato para un discurso que recurriese como fin a la obtención del poder y el sometimiento.
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El poeta y crítico Miguel Martinón expuso una ponencia en la que defendió la existencia de una poesía canaria consolidada en el marco de la poesía mayor española, pero con particularidades diferenciales derivadas de sus circunstancias específicas tanto a nivel histórico, social, económico, demográfico, paisajístico y demás factores confluyentes en un devenir cultural muy singular.
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Evocó el nombre de Ángel Valbuena Prat y sus estudios sobre la poesía canaria como un mojón ineluctable para todos aquellos estudios posteriores surgidos con la vocación de acercarse a la producción literaria de estas islas. El influjo, bien por simple aceptación o como dialéctica enfrentada, de los ensayos de Valbuena Prat puede hallar eco, en esencia, en los opúsculos de autores que han abordado un análisis riguroso de la cuestión de la poesía canaria, como Pedro García Cabrera y Domingo Pérez Minik.
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Uno de los conceptos manejados por Valbuena Prat y que ha aherrojado en no pocas ocasiones la intelección de la poética insular, es el de aislamiento. Ciertamente, este término ha sido visto en una doble vertiente -una de las cuales puede quedar en desuso hoy en día-: la del aislamiento como especial sentir de la convivencia en una isla, e identificado con un aislamiento individual de naturaleza ontológica, y aquel derivado de la mera circunstancia dominante en Canarias desde su conquista hasta el desarrollo surgido a partir de mediados del siglo XX, y que se vincula con unos canales de comunicación deficientes y escasos con respecto al ámbito nacional. Éste último es al que aludimos cuando pensamos en su actual incongruencia.
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El propio Minik en su artículo Insularidad y poesía aludía a que, salvo la excepción constituida por Alonso Quesada, en los poetas canarios, y en contraposición con algunas de las ideas de Valbuena Prat, no se hacía ostensible como máximo factor determinante de su escritura los rasgos característicos de las circunstancias insulares, sino su especial carácter individual. En cambio, el poeta Pedro García Cabrera defendía que «El medio imprime al hombre un símbolo primario, un determinado modo de ser».
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Y apostilló también la inclusión en la antología llevada a cabo por Gerardo Diego de los poetas Alonso Quesada, Tomás Morales y Josefina de la Torre, como paradigma de la integración en la matriz de la poesía española de este cauce insular.
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de Poesía Canariab) El otro múltiple, ¿tan lejos, tan cerca?
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La interpretación del epígrafe de esta mesa tuvo distintas manifestaciones expresivas por parte de cada uno de los participantes. Así, Alicia Llarena [4], centró su atención sobre el otro múltiple con relación a la expresión literaria femenina, particularmente en Canarias. Para esta autora, los discursos «tienen sexo», matizando que, el acmé logrado en la intelección de la literatura femenina ha sido una emergencia reciente: la elaboración tradicional de los cánones literarios ha preterido de manera sistemática la consideración de las autoras en estas y en otras latitudes. La deconstrucción llevada a cabo por las autoras de la moderna poesía canaria se ha vertebrado en el rechazo de los tópicos y lugares comunes que cercan lo femenino (así en Tina Suárez), y en los hechos cotidianos y fenómenos de carácter inmediato, frente a los discursos masculinos, tendentes en mayor medida a ciertas temáticas como la política o la historia («a grandes temas» [sic]) que constituirían un discurso de lo supra-individual. También, en esta orientación se ubicaría Cecilia Domínguez, y su afán por despojar al amor del cariz romántico.
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Prosiguió la mesa Antonio Jiménez Paz, quien mostró su enfoque sobre Canarias como resultado de la fragmentación más allá de lo insular. Las diásporas intermitentes a las que se han visto sometidas estas islas han generado un ámbito de conciencia que trasciende la partición en siete islas; Jiménez Paz mencionó como paradigmas de esta suerte de éxodo a Mercedes Pinto, la escritora nacida el 12 de octubre de 1883 en Santa Cruz de Tenerife, que marchó a Madrid a los veinte años, y que, tras la ponencia que leyó en la Universidad Central de Madrid en 1923 «El divorcio como medida higiénica», hubo de abandonar el país, según dictamen de Primo de Rivera, recalando primero en Uruguay, y desarrollando su ingente labor con posterioridad en diversos países de Latinoamérica. El otro caso que arguyó Jiménez Paz fue el de Josefina Plá, nacida en la isla de Lobos y que se afincaría ulteriormente en Asunción (Paraguay) desde 1927.
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No obstante, la propuesta temática del poeta palmero iba encaminada a diseccionar el devenir del poeta grancanario Antidio Cabal. Nace este vate en Las Palmas de Gran Canaria en 1925. Publica sus primeros poemas en el diario La Falange y en la revista Luces y Sombras. En 1947 se traslada a Madrid para estudiar Filosofía y Letras y Ciencias Políticas. Más tarde emigra a Venezuela y luego a Costa Rica, donde funda la revista Oro y barro, y ejerce como profesor universitario.
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Según Jiménez Paz, la poesía de Antidio Cabal nos lo revela como un habitante del desarraigo y errabundo. No en vano, Jorge Rodríguez Padrón lo calificó como «el ausente». Siguiendo esta senda de conceptos, sería Antidio Cabal no un exiliado o emigrante sino un ser huidizo. Entonces, la patria no representaría, para él, la nación, sino el lugar donde el ser se encuentra.
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Una de las características más llamativas del quehacer poético de Antidio Cabal es el hecho de que la publicación de sus obras siempre ocurriera con un retraso de varios años con respecto a su concepción y escritura [5]. Interrogado por Jiménez Paz, el propio Antidio afirmaría que esta situación sólo venía a demostrar que a él le bastaba con exudar poesía, ya que la propia escritura se erigía en uno más de sus sentidos, y que la publicación sería un hecho secundario.
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Por último, Jiménez Paz aseveró que Campo nublo, el poemario de Cabal aparecido en el año 2000, significaba el espacio en donde se criticaba el pensamiento dominante. Conllevaría este libro la dimensión de un quizás del pensamiento, a un estado relativizado que acentuaría el logos poético en fusión con el logos filosófico de ciertos autores como María Zambrano o Martin Heidegger [6]. Como palabras finales, el ponente sostuvo las siguientes máximas: «nuestro pueblo ha sido desde siempre un pueblo errático» y «somos un lugar nublado o un lugar no identificable; somos aquello que no seremos», religando su disertación inicial de la multiplicidad fragmentaria de la conciencia de lo canario como imagen del errar, con el último opúsculo de Antidio Cabal, errante de sí mismo.
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El siguiente ponente, Pedro Ángel Martín, refirió la contingencia de la palabra como apertura hacia lo otro, ergo, la visión de la poesía como acercamiento a la alteridad. A través del poema no se encontraría, pues, la identidad del sujeto, sino la posibilidad de aceptar al otro. Asimismo, se hallaría mediante la palabra poética la contradicción que define la existencia en ese flujo y reflujo de la vida y la muerte, de tal suerte que P. A. Martín pudo afirmar de su propia experiencia que «yo, por la palabra, busco no estar». Un no estar que supondría una vuelta a los orígenes, a la indagación de los magmas primigenios donde el hombre busca su sentido y donde, a la vez, se fraguaría un intento por trascender la realidad inmediata que nos ha sido dada.
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Esta relación antinómica del poeta con la realidad cabría advertirse en la obra de los jóvenes vates canarios, a la manera de una oscilación metódica que postularía un primer contacto disruptivo con dicha realidad, una cierta rebeldía que desembocaría ulteriormente en un cuestionamiento instaurado en el seno mismo de la palabra y consecuentemente, una afinidad hacia lo otro. Además, dijo que «la literatura es ficción: el autor de teatro y el de novela lo tienen claro pero el de poesía no», aventurando así la ficción del yo poético, y por tanto, la refracción en máscaras, en diversos sujetos, como inherente a la actividad de creación y recreación de un poema.
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Como cita a guisa de corolario, y como referente testimonial de lo aludido, Pedro Ángel Martín trajo a colación dos fragmentos del poeta mexicano Octavio Paz. El primero, extraído de su opúsculo ensayístico Los hijos del limo, y el segundo, proveniente del texto titulado Hacia el poema, verdadero tránsito de la palabra hacia la reflexión metapoética.
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Ernesto Delgado Baudet pronunció unas palabras que hilaban un discurso semejante al de Pedro Ángel Martín, y que fluctuaba entre la densidad y brevedad aforística, y el vuelo poético. Para Baudet, el poeta se examina en su propio vértigo mediante la revelación. A través de ésta corre el albur de otear la otredad, en tanto que escudriña, acepta y comprende al prójimo.
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Aunque Ángel Martín nombrara esos dos textos ya aludidos de Octavio Paz (Hacia el poema y un extracto de Los hijos del limo), es evidente el influjo en su postura, así como en la de Ernesto Delgado Baudet, del opúsculo del Nobel mexicano El arco y la lira, donde precisamente se ve la poesía como apertura hacia la otredad.
CongresoLa mesa concluyó con la percepción de Blanca Hernández Quintana, quien también hizo una interpretación del otro múltiple como la manifestación en el siglo XX de la poesía femenina en Canarias [7]. Sostuvo Blanca Hernández que la simple existencia de las antologías de poesía escrita por mujeres implica una no normalización en cuanto a su inclusión en el devenir social.
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La incorporación al panorama intelectual y literario de la mujer se debería en gran medida a las exigencias de los grupos y movimientos feministas, logrando el acceso a niveles de educación que históricamente le habían estado vedados por su condición femenina. De modo análogo a Alicia Llarena, Blanca Hernández Quintana aventuró la tesis de una diferencia temática en el tratamiento poético de hombres y mujeres, como resultado de su desemejante realidad y dejó entrever la pregunta, aún no cerrada, sobre la denominación de una literatura taxativamente femenina o literatura escrita por mujeres.
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de Poesía Canaria
[1] Esta endecha es la muestra literaria más antigua surgida en Canarias. Fue compuesta en 1447 tras la muerte del militar Guillén Peraza en su intento por conquistar la isla de La Palma: «Llorad las damas, si Dios os vala, / Guillén Peraza quedó en La Palma, / la flor marchita de la su cara. / No eres palma, eres retama, / eres ciprés de triste rama, / eres desdicha, desdicha mala. / Tus campos rompan tristes volcanes, / no vean placeres, sino pesares, / cubran tus flores los arenales. / Guillén Peraza, Guillén Peraza, / ¿Dó está tu escudo, dó está tu lanza? / Todo lo acaba la malandanza.»
[2] Reproduzco el poema de García Cabrera:
Hacia arriba tus días trepadores,
tus prisas cenitales, tus montañas
escaladoras de águilas y nubes.
Hacia arriba tus cerros,
con sus verdes espuelas, sus morenos
ijares, sueltas en el viento rubio
las bridas trinadoras de los pájaros.
Hacia arriba tus valles atrevidos
como si una gran mano los llevase
desde la azul rodilla de las aguas
hasta los altos muslos de tus nieves.
Romería de piedra enamorada
desde el mar a la cumbre. Esa es la isla,
que recoge la falda de la espuma
para ganar los áticos que vieron
brotar del pecho virgen de la roca
el silbo ardiente de un pezón de humo.
Desde entonces tu sombra da la vuelta
alrededor de cráteres lunares.
Pero ahora que nos hemos encontrado,
isla, madre, mujer, volcán, destino,
ven a dormir tu soledad de siempre
-oh amada de la noche y la distancia-
en el tibio silencio de mis brazos.
[3] Como la cohorte de almas a las que aluden acaso Pessoa, Hesse o Stevenson en algunas de sus obras.
[4] En su página personal (http://www.infonegocio.com/aliciallarena/index.htm), Alicia Llarena desarrolla algunos apuntes sobre literatura femenina y literatura canaria, además de otros aspectos literarios en los que ha centrado su análisis.
[5] Cabal sólo publicó un par de libros cuando contaba veinte y tantos años (Lenta madrugada en 1945 y Quien el alma en 1948). A partir de los años noventa publicó un número considerable de obras elaboradas en años anteriores.
[6] Cabría atraer aquí la atención sobre el sentir iluminante en María Zambrano, «sentir que es directamente conocimiento sin mediación» o «conocimiento puro, que nace en la intimidad del ser». Como un pensar pasional desatendiendo el rigor del método y vivificando así el pensar mismo.
[7] Vide Blanca Hernández Quintana, Escritoras canarias del siglo XX, Cabildo de Gran Canaria.
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