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domingo, 5 de septiembre de 2010

Encuentros en red: lo literario/digital

Juan Malpartida escribió en ABCD una breve, brevísima reseña del libro de Román Gubern Metamorfosis de la lectura, publicado por Anagrama. Muy reveladora es cierta resistencia final a asumir la digitalización de lo literario como sustento futuro (y aun presente). A pesar de anunciar cierta ineludibilidad del desarrollo e implementación de nuevas formulaciones de lo literario, especialmente en el ámbito de los dispositivos de lectura y cómo afectarán al propio hecho de leer, tanto Malpartida como Gubern insisten en la necesaria coexistencia de los formatos de libro electrónico y de papel, así como la prolongación de formas de lectura asociadas al libro tradicional. Así se pronuncia Malpartida:

¿Desaparecerá el libro tal como hoy lo conocemos por los ya actuales libros virtuales capaces de almacenar en una cuartilla de trescientos gramos (irá perdiendo peso) miles de libros o bien acceso, vía inalámbrica, a bibliotecas, periódicos, etc.? Román Gubern piensa que afectará sobre todo a los diccionarios, anuarios, enciclopedias y demás archivos, pero que con el libro tradicional ocurrirá como con la radio y la televisión, que convivirán ocupando sus respectivos nichos. Hay cualidades en el libro objeto que no asume el electrónico: fetichismo, sensualidad (al tacto, al olfato, a la vista), vínculo sentimental, diseño gráfico, resistencia al deterioro (toda electrónica es altamente susceptible de destrucción con los golpes y el agua, por ejemplo). Comparto su criterio, y no me imagino publicando un libro y comunicando por la red que lo he hecho, y que se puede descargar. Entrar en casa y no encontrarlo, ni el mío ni el de los otros, salvo si enciendo una pantalla con acceso a índices infinitos. Gubern, tras este atractivo e instructivo recorrido, con cuidadas definiciones de los conceptos principales, afirma la complementariedad de ambos soportes.
Fíjense en qué tipo de argumentos justificarían esa no desaparición o sustitución: casi todos de tipo emotivo-fetichista. Y ahora, jugemos a las cópulas por oposición, y consideremos las implicaciones y las orientaciones derivadas -y también las implícitas- en las reflexiones que vierte Vicente Luis Mora sobre:

- La Pantpágina

- El concepto de Internexto

martes, 2 de febrero de 2010

Entrevistas a Agustín Fernández Mallo

Agustín Fernández Mallo (1967) ha recibido cierta resonancia mediática a raíz de las múltiples referencias sobre la originalidad de sus presupuestos literarios. Sin embargo, esa resonancia ha emergido a resueltas, sobre todo, de sus obras de corte narrativo, es decir, de su proyecto Nocilla. Apenas se ha reparado, en los grandes medios culturales, en sus poemarios, que obedecen a un común designio respecto de sus obras narrativas (aunque habría que reformular especialmente esta distinción en el caso del autor coruñés, pero ya hablaremos de eso en otro momento): la hibridación de ámbitos de la cultura disímiles, la incardinación de las ciencias como eje de una poética que otea en lo fragmentario de los discursos, dadora de metáforas donde la tensión se verifica en una inusitada expedición verbal de lo heteróclito (precisamente Mallo ha escrito: “Esa es para mí una de las deficiones de belleza: la tensión, que es sinónimo de inquietud”). Algunos de esos títulos son Creta Lateral Travelling o Carne de píxel. Transferencias continuas de textos que se entrecruzan en la eclosión informativa de sociedades altamente tecnificadas. Mallo ha bosquejado su poética en textos pretendidamente teóricos como su artículo titulado Hacia un nuevo paradigma: poesía postpoética, publicado en las revistas Contraste (2003) y Lateral (2004) y, recientemente, en su ensayo Postpoesía, publicado por Anagrama. En otro post nos ocuparemos de sus libros; por ahora, les dejo con algunas entrevistas que le han realizado:
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miércoles, 2 de diciembre de 2009

A vueltas con la utopía

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Hertha Müller
En ABCD Las artes y las letras apareció, a principios de noviembre, una interesante entrevista con la última Nobel: Herta Müller. Algunas ideas en su diálogo con el entrevistador no son muy afortunadas (verbigracia, la perogrullada de que la literatura tiene que ver con la realidad…¿es que, acaso, puede tener que ver con alguna otra cosa, señora Müller? ), pero otras, asaz iluminadoras, nos revelan las consecuencias de la actividad de un poder totalitario, precisamente al referir sus experiencias en la Rumanía de Ceaucescu: creación de fronteras físicas y, sobre todo, psíquicas, que atemoricen a los individuos y sirvan como niveles de control vía represión externa y, también, vía autorepresión; la corrosión intelectual obrada a propósito de la supresión de la crítica y la reflexión, engendradora de un particular modo de analfabetismo; el provincianismo rural y étnico y sus abstrusos conjuntos de prejuicios, contenedores de una deseada regulación normativa del comportamiento sustentada en falacias. Infiero que lo apuntado puede ser leído en dos claves complementarias: la literal, alusiva a la tesitura concreta mentada por Müller, y asimismo, remitiendo a una lectura oblicua, buscando, bajo la somera referencia pretérita, signos semejantes en el devenir de las sociedades occidentales capitalistas. Me inquiero si será casualidad, albur de las conexiones neuronales de mi cerebro que cruzan textos en mi memoria, el que, al leer estas palabras de Herta Müller:
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A decir verdad, el analfabetismo en Rumanía no era tan alto, la mayoría de las personas sabían leer y escribir. Pero de qué sirve eso si la mayoría no entendía absolutamente nada. Conocían las letras, pero cuando uno ha sido educado para no pensar, eres analfabeto de otra manera
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recordara estas otras de Jürgen Habermas, recogidas en un texto de su opúsculo La necesidad de revisión de la izquierda:
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Jürgen Habermas

A los marginados y subprivilegiados les queda a lo sumo, para hacer valer sus intereses, el voto de castigo en los procesos electorales; ello cuando no se resignan elaborando en términos autodestructivos, con enfermedades, criminalidad o ciegas revueltas, las hipotecas a que estructuralmente están sometidos. Sin la voz de la mayoría de los ciudadanos que se pregunten y permitan se les pregunte si de verdad quieren vivir en una sociedad segmentada, en que hayan de cerrar los ojos ante los mendigos y ante los que carecen de hogar, ante los barrios convertidos en guetos y las regiones abandonadas, tal problema carecerá de la suficiente fuerza impulsora, incluso para ser objeto de una tematización pública que lo haga calar de verdad en la conciencia de todos
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Pero guárdate de los osos y los lobos que la frecuentan
Y de la sombra que aparece cuando esperas la aurora

John Ashbery
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En las palabras precedentes retomaba algunos aspectos de la entrevista a Herta Müller, orillando su respuesta a la última pregunta, la de si concebía el arte como una forma de utopía. Müller contesta negativamente: las utopías son deseos y, cuando llegan a materializarse, se erigen en constructos monstruosos, como se ha evidenciado en tantos regímenes totalitarios. La utopía como sociedad idealizada y perfecta es indeseable (apenas se procede a implantarla). Esto nos viene a decir Müller. La literatura remite a lo real y es en sí misma un producto (curiosa palabra para calificar lo artístico, sobre todo si queda despojado el sustantivo de cualquier adjetivo esclarecedor), y, en tanto lo utópico es lo no-acaecido, se contraponen ambos conceptos. Se puede contemplar que la definición de lo utópico en Müller se encuentra estigmatizada por su experiencia de lo que se afirmaba a sí mismo como realización de lo utópico. En La ciudad del Sol, conspicua utopía renacentista de Tommaso Campanella, se incluía, a modo de apéndice (intitulado Cuestiones sobre la república ideal), una discusión por parte del propio autor italiano, donde se analizaban la posible utilidad y veracidad de los presupuestos que subyacían en dicha utopía. Que yo sepa, bajo el epígrafe Sobre si es razonable y útil haber añadido a la doctrina política el diálogo de la Ciudad del Sol (primer artículo del citado apéndice), se sitúan, a modo de prefiguración, casi todas las objeciones que ha suscitado el debate de la utopía. Así, por ejemplo, la primera auto-objeción que contempla Campanella es la siguiente: “Es ocioso y vano ocuparse de lo que nunca ha existido, existirá, ni es de esperar que exista. Ahora bien, tal género de vida en común, totalmente exenta de delitos, es imposible; nunca se ha visto ni se verá. Por tanto, hemos perdido el tiempo en ocuparnos de ella”. La diafanidad de lo expuesto es auto-replicado posteriormente por el autor mismo con semejante ilustración, creo que suficientemente convincente: “no por ser imposible de realizar exactamente la idea de tal república, resulta inútil cuanto hemos escrito, pues en definitiva hemos propuesto un modelo que ha de imitarse en lo posible”. O, usando argumentos de católico irredento: “¿Qué nación o qué individuo ha podido imitar perfectamente la vida de Cristo? ¿Diremos por ello que es inútil haber escrito los Evangelios?”. Esto es, la denuncia de la posible imputación de falacia a lo utópico por cuanto dicho constructo imaginario no debería leerse –por imposible- como programa teórico a realizar minuciosamente, sino simplemente, como esbozo de horizontes posibles, de medidas a debatir y cuestionar, como saludable incitación a la discusión y a la crítica. No de otra manera, tras los ominosos descalabros históricos que ha conllevado la voluntad rígida –de geometría, por lo demás, bastante imprecisa y obcecada- puede ser leída hoy la utopía. Ou-topos: el lugar inexistente, el espacio imposible de realizar y, sin embargo, horizonte de culminación de algunos de los deseos más perentorios de la humanidad.
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Compréndese entonces que la dirección discursiva hacia donde apunta Müller, es la continuación –bien que desde una posición negativa- del clímax utópico: réplica de negación de la vinculación arte-utopía, por identificación de lo utópico con el desarrollo erróneo de dicha idea; por una lectura del programa utópico desde presupuestos posibilistas sin conexión alguna con un contradiscurso autogenerado que asumieran los propios “defensores históricos de la utopía”. Y por ese clímax utópico se entiende aquí la intensificación del discurso utópico en el siglo XIX y principios del XX, que pasa a adquirir unos rasgos característicos donde late la pulsión de una retórica del progreso, muy típico del discurso político. Asimismo, no hay que olvidar que, al menos desde el Romanticismo, el arte moderno incardina en sí mismo otro discurso utópico. Y es utópico, o podríamos caracterizarlo como tal, por dos razones, dos motivos fundamentales de toda utopía (tal como se constituye a partir de la obra de Thomas More): 1) en su vertiente contestataria y rebelde frente a los grandes sistemas de valores que informan la modernidad, y 2) por la postulación de un espacio otro, no existente, donde se consuma una posibilidad de realización personal y colectiva más satisfactoria, y que supere los grados negativos de la dialéctica de la modernidad. Ese espacio otro de realización se atiene más a una situación: la signada por el acontecer del hecho estético mismo. Cierto es que esto no implica la construcción de una utopía en el sentido cabal de constructo social modélico, pero sí apunta hacia una vocación de apertura de los propios horizontes de lo considerado utópico. La carga crítica del arte moderno puede leerse como un contradiscurso a la conformación alienante de las sociedades en las que dicho arte surge y, simultáneamente, la noción esperanzada de lo modélico-ideal que regula la propia materialización de la utopía como género, se halla encauzada, como dijimos anteriormente, en algo acaso más etéreo y volátil, como sería la propia experiencia estética, pero, por ello mismo, defensora de una dimensión superior de libertad y de un espacio de expresión para lo marginal y rechazable por el establisment.


miércoles, 18 de marzo de 2009

Saetas de Alfred Julius Ayer

Aquí puede leerse una entrevista que se le realizó el año de su muerte a A. J. Ayer. Rescato algunos testimonios que pueden producir isquemia cerebral dependiendo de la sensibilidad:
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- Sin ir muy lejos, la mecánica cuántica está llena de dificultades filosóficas, como ocurre en general con toda la física de las partículas elementales. Pero también es evidente que hay muy pocos filósofos capacitados para lidiar con los temas de la física. Los filósofos de mi generación venían casi todos del campo de las humanidades. Hoy en día para hacer filosofía se necesita una sólida base científica. Tanto Russell como Whitehead, Wittgenstein, Quine y Putnam, por mencionar algunos de los filósofos que más respeto, tenían un sólido conocimiento de las matemáticas. Quien se disponga a trabajar seriamente en la filosofía debe prepararse en matemáticas y en física más que en los clásicos o en la historia de la filosofía. Ahí tiene usted a Schlick o a Carnap, figuras representativas del Círculo de Viena, que comenzaron siendo físicos.
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- (...) la metafísica, cualquiera sea, es una tontería. Heidegger o Derrida son unos vulgares charlatanes.

domingo, 15 de marzo de 2009

Enjoy the silence

Con tanto ruido alrededor es imposible no sentirse tentado por la imposición del silencio.

Paul Klee


Ella ruge, nosotros jugamos. Paul Klee.

domingo, 10 de febrero de 2008

El blog de Tomás Segovia

"Todo está ligado" reza el primer verso de un poema memorable de Eduardo Milán. Dieciocho siglos antes, Marco Aurelio había escrito: "Todo hecho es consecuencia de uno precedente. No se trata sólo de una sucesión de hechos aislados y necesarios, sino de un encadenamiento lógico. Si los seres están armónicamente coordinados, del mismo modo los hechos no se suceden sin más, sino que guardan una relación asombrosa" (Meditaciones, Libro IV, 45). Pues bien, la casualidad, o esa forma asombrosa en que los hechos se conectan los unos con los otros en una secuencia a priori arbitraria, pero en la que parece subyacer un concierto armónico de religaciones, quiso que, visitando el blog de Daniel Bellón, hallase noticia de que el maestro Tomás Segovia había decidido mantener un blog. Blog que lleva a otro blog que lleva a una palabra poética de diáfana inteligencia, de contenida pasión a la vez lúcida y sensual por el mundo contemplado.

La casualidad -o ese tejido de leyes conectivas e ignotas-, es que en mi perfil, en la opción donde se puede agregar un archivo de audio, yo había situado un link que albergaba un poema de Tomás Segovia recitado por él mismo. La dirección de su blog es: http://tomassegovia2.blogspot.com/. Allí ha colgado algunos poemas y uno que otro artículo.

¿Cómo no concluir este post siquiera con un poema de Segovia? Me resulta difícil la elección, dado el hecho de que se puede leer casi cualquier poema del autor sin que la emoción nos abandone. Una emoción íntimamente carnal: cópula linguística en el seno o espacio -el poema- en el que el mundo aparece transformado: realidad sublimada. Si me decanto por Canción de huérfano, es por motivos de identificación con esa visión desarraigada que expresa admirablemente:
tomás segovia
tomás segovia
Canción de huérfano
tomás segovia
tomás segovia
Contempla bien, meteco
huésped arisco de uno u otro arraigo,
a los claros nativos de algún Orden
pesar abiertamente en los surcos del tiempo.
tomás segovia
¿Qué castillo de naipes pensaste desplegar
apoyado sobre el soplo indiscernible
de tu solo deseo doloroso
para irrisorio abrigo de la hermosura expósita,
tu patria intermitente?
tomás segovia
Tú solamente cruzas.
Bajo las sombras vagabundas
que arroja en los caminos un gran cielo celoso
te sufren los paisajes silenciados.
tomás segovia
Pues toda permanencia te condena.
Del tiempo es tu destierro.
En la piel fumigosa de tu historia
turbiamente hallas rastros de casas hoy en ruinas
y amores migratorios.
tomás segovia
No tiene fin el balsamo que imploras,
por no más que una llaga estás pegado
al pulmón impecable de la vida
y es verdad que aullarías
si esa misma piedad sin la cual agonizas
fuese a borrarla un día de tu origen.
tomás segovia
La herida que te funda es veraz como un ojo
que al apagarse apagaría el mundo.
tomás segovia
tomás segovia
Una curiosidad: en el perfil asociado al blog del poeta, figura una información, cuando menos, alarmante. Resulta que Tomás Segovia vive en Afganistán (y no en Madrid) y no es poeta, sino que su oficio está relacionado con la agricultura. ¿A qué se deberá semejante broma o despiste?


domingo, 27 de enero de 2008

Juan Gelman

He incluido en la sección de blogs de poetas (en la que pienso dar cabida, a partir de ahora, a páginas personales de escritores diversos) la bitácora de Juan Gelman. He tenido noticia de la existencia de la misma, así como de la url, través de la entrevista que ha aparecido en Babelia: http://www.elpais.com/articulo/semana/Poesia/olvido/elpepuculbab/20080126elpbabese_3/Tes.

También ha publicado dicho suplemento seis poemas del último libro del autor, de entre los cuales me ha llamado poderosamente la atención uno que discurre sobre el ser del poema y que copio:


¿Qué se sabe?


Del poema, nada. Llega, tiembla
y raspa un fósforo apagado.
¿Se le ve algo? Nada. Tiende una
mano para aferrar
las olitas de tiempo que pasan
por la voz de un jilguero. ¿Qué
agarró? Nada. La
ave se fue a lo no sonado
en un cuarto que gira sin
recordación ni espérames.
Hay muchos nombres en la lluvia.
¿Qué sabe el poema? Nada.



Nada sabe el poema. El poema dice su insapiencia (en tiempos de egotismo poético supone un alivio leer semejantes confesiones). Salud, Juan Gelman.
juan gelman
Les dejo ahora con la lectura del poema Himno de la victoria en ciertas circunstancias efectuada por el propio Juan Gelman en el festival Internacional de Poesía de Medellín (la web del festival, que alberga vídeos de los poetas participantes, así como los distintos números de la revista Prometeo, es: http://www.festivaldepoesiademedellin.org/)






juan gelman



domingo, 12 de agosto de 2007

Del futuro presentido

En algún lugar dice Nietzsche que "Alguien que piense con libertad recorre anticipadamente la evolución de generaciones enteras". Pues bien, estos días he estado cavilando los diversos destinos (o futuros si les acucia el prurito hacia esa palabra por estar cargada de connotaciones religiosas) que pueden esperar a la humanidad, y por extensión, a nuestro mundo. Todos los considerados por mí (de los cuales no diré nada por ahora) me conturban. Sin embargo, intento contemplarlos con ojos escépticos y siendo consciente de que, si alguno de ellos se materializase, sería cuestión inexorable. De modo que retorno a mi resignación primera.

Casualmente, inmerso en la lectura aquí y acullá de algunos textos relacionados con el desarrollo de internet y las denominadas nuevas tecnologías, di con un artículo en la revista de filosofía
A Parte Rei, que discurre por el significado del plagio en el marco actual de la electrónica. Ignoro si los pensamientos que me asaltaron puedan ser compartidos, en cualquier caso les recomiendo su lectura (es, por cierto, la traducción de un capítulo del libro The electronic disturbance). El artículo en cuestión se titula El plagio utópico, la hipertextualidad y la producción cultural electrónica (y lo pueden leer en la siguiente dirección: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/plagio.html)

martes, 17 de julio de 2007

La enciclopedia que era un cajón de sastre

Como casi siempre, un conjunto de sucesos que obedecen aparentemente a las leyes del azar me ha dado pie para emborronar esta entrada con algunos comentarios benévolos. Acaso lo más conveniente sería que principiara la narración de los encuentros fallidos con el Wiki, no sin antes hacer una pequeña digresión, pertinente en todo caso.

En el número 51-54 de la revista Renacimiento, el director de la misma, Fernando Iwasaki Cauti, firma una editorial en la que deja escrito lo siguiente:

"Nunca se han publicado más libros que en nuestros días y probablemente jamás han existido tantas bibliotecas a disposición de los usuarios. No obstante, el número de lectores de libros es infinitamente menor que el número de individuos que buscan conocimiento, cultura, consulta y entretenimiento en los nuevos soportes informáticos y digitales. Ignoro si en eso consista el progreso, pero ya existe más de una generación que prefiere investigar en los buscadores de Internet antes que en los diccionarios, las enciclopedias y los libros en general. Y esto apenas es el principio."

Prescindiré de comentar la supuesta ironía implícita en la expresión "Ignoro si en eso consista el progreso", dado que, como sostenía Cicerón en su Sobre la naturaleza de los dioses: "La naturaleza de lo que se otorga no revela la intención del donante. En consecuencia, el hecho de que el que lo recibe haga buen uso de lo dado, no significa que le fuera entregado con buena voluntad". Podemos, ante semejante proposición coherente, determinar que, de modo análogo, si el que recibe algo hace mal uso de él, esto no implica a priori que la naturaleza del donante o su voluntad al realizar la entrega estuviera viciada. ¿Qué quiero decir? Pues que el que se haga mal uso de las tecnologías no es un argumento en contra del progreso, sino que nos revela más bien aspectos cruciales de los usuarios de dichas tecnologías, y dado que se trata de una pingüe cantidad de personas, hemos de interpretar este desprecio hacia el análisis pausado de las fuentes y la búsqueda de información como una extendida característica social emparentada con la desidia creciente que experimentan las sociedades contemporáneas (apostillo: el mal uso de Internet a la hora de documentarse reside en esa patología juvenil que consiste en cortar y pegar en los trabajos el texto tal cual figura en la red, sin examinarlo previamente, ni extraer la información y hacer una redacción propia. De todas formas, el buscar y copiar literalmente el texto de una enciclopedia o cualquier otra obra de referencia es operación análoga. La busqueda en Google puede resultar un ejercicio harto complejo de elección de fuentes fiables y útiles dado el volumen de basura que abunda en sus vericuetos). Esta desidia puede rastrearse en cuestiones como el desprecio generalizado hacia la erudición, hacia el pensamiento racional que se rechaza en aras de lo espontáneo de carácter sensiblero -como si el pensar fuera totalmente ajeno al sentir-, hacia lo "académico" o a la fundación de sistemas, taxonomías o clasificaciones minuciosas. Como pensaba Canetti, no son los pensamientos más profundos los que tienen mayor incidencia en este mundo.

Y una de las fuentes que cuenta con mayor número de consultas es Wikipedia: un proyecto que se erguiría en un fabuloso instrumento promotor de la cultura y los conocimientos globales si su edición fuese más rigurosa. La idea que late tras Wikipedia no es muy diferente a la que movió a ciertos ilustrados franceses, en la segunda mitad del siglo XVIII, a publicar la ínclita Enciclopedia o Diccionario razonado de las Ciencias, las Artes y los Oficios, esto es, la difusión del corpus total del conocimiento humano. Orillemos multitud de circunstancias que crean numerosas desemejanzas entre ambos proyectos de una distancia insalvable, y quedémonos con la cuestión, a mi juicio fundamental, del problema: si bien Wikipedia nació con la intención de que las personas con determinados conocimientos los brindasen de manera desinteresada para la elaboración de una enciclopedia en línea, contando, por tanto, con la posibilidad de participación de usuarios de diversa condición, formación y procedencia, por contraposición a la restringida nómina de los participantes en La Enciclopedia Ilustrada de D'Alembert y Diderot, ha demostrado que su ausencia de dirección genera errores que sólo podríamos calificar como ignominiosos. No representa, por tanto, una fuente fiable de conocimientos. No quiero decir con esto que Wikipedia no albergue contenidos singulares de cierta relevancia, sino que, considerada en su globalidad, sería deseable una revisión de su estructura, ya que una enciclopedia que se precie de ostentar tal denominación, no puede mostrar información errónea, ya sea por ignorancia de los editores, ya sea por manipulación informativa.

Lo que realmente constituyó un fermento para que me decidiera a escribir sobre este tema, fue la lectura del artículo de Pablo Martínez Lozada aparecido en el número de julio de la revista Letras Libres, titulado, significativamente,
Wikretinos. No comparto con el autor la ocurrencia dogmática de que la creación literaria, específicamente novelística, deba basarse per se en una experiencia o tarea individual. La aberración inherente a la escritura de una novela Wiki no radica en la pluralidad de voces, sino en la falta de concierto, de una mente o dos o tres que rijan los destinos de la obra. Evidentemente, si cien personas decidieran escribir una novela, por mucho que se contase con un regidor, el caos obraría como en el resto del universo. No obsta ello para eludir la posibilidad de la escritura colectiva.

La falta de argumentos para semejante petición de principios me facilita la tarea de no tener que explicar mi desacuerdo cuando Pablo dice en el citado artículo "Pero sucede que el novelístico es un medio que sirve a la expresión individual por encima de todo lo demás; y cualquier intento serio de volver colectivo lo que se acepta culturalmente como exclusivo del dominio individual está condenado a fracasar." ¿Condenado a fracasar? Si nos referimos a la wikinovela no cabe duda, pero no en lo que atañe a una hipotética novela colectiva: aquí el intríngulis de la cuestión no es el número (uno, dos o tres), como si estuviéramos discurriendo la teratológica trinidad católica, sino si la escritura deviene en obra literaria y no en folletín de diletante. Sin embargo, quisiera reproducir aquí la profecía que emite Pablo Martínez Lozada sobre el futuro de Wikipedia, y que comparto enteramente:

"Quien de esto sabe mucho más que yo opina que la Wikipedia se va a autodestruir en poco tiempo y sólo va a ser recordada como un experimento fallido, precisamente por la incompatibilidad de la libertad de edición colectiva con el rigor mínimo indispensable para la transmisión responsable del conocimiento."

Por cierto, no dejen de leer el resto de ensayos y reseñas del número de
Letras Libres correspondiente a julio.

sábado, 23 de junio de 2007

Linkin Park: ocho dosis audiovisuales

He abandonado un poco este blog por motivos académicos. Multitud de entradas a medio elaborar aguardan su sazón; mientras tanto, y debido a la inmediatez implícita en el simple hecho de enlazar, dejo aquí ocho vídeos de Linkin Park alojados en You tube. La calidad de imagen y de sonido es discutible en algunos de ellos, pero al menos nos conducen o nos hacen atisbar el esplendor de los vídeos reales, id est, observados con una resolución decente y sin pérdidas de matices acústicos, en este caso atribuibles a la subida al portal de You tube.

El último vídeo tuve ocasión de verlo recientemente, no recuerdo si en MTV o en los 40Tv, lo cual no es relevante. Sí lo es, en cambio, que no lo juzgo a la altura de los otros [tras varias audiciones he cambiado de opinión: sólo los dos primeros están a su altura, me temo. Nota de Agosto de 2007]. Probablemente tenga mayor valor en el aspecto visual. Nadie negará que la estrutura dinámica de las imágenes que se suceden nos guía precisamente a preguntarnos -en primera persona tanto del singular como del plural- lo mismo que expresa primariamente la canción.


Somewhere I belong



Numb



Breaking the Habit



Faint



In the end



From the inside



One step closer



What I've done

domingo, 8 de abril de 2007

Entrevista de Joaquín Soler Serrano a Octavio Paz

Una red está compuesta por celdillas que delimitan un espacio específico para el tipo de captura que se desea realizar. A priori, cualquier celdilla comparte la misma probabilidad que sus hermanas para asir la presa codiciada. Sin embargo, es ostensible que la captura depende de la disponibilidad de los organismos que se estén buscando. Imaginemos una red tan extensa como quisiera el pescador; imaginemos que la distribución de las presas es aleatoria; imaginemos, por último, que donde termina la contingencia individual se alza la certeza de que otro está allí.

En internet, el albur de encontrar algún punto que converja de un modo más o menos aproximativo a nuestras expectativas es elevado, no así la posibilidad de que dicho punto coincida en todos los parámetros con lo deseado. Uno de los lugares que ejemplifican con mayor nitidez el alcance y las limitaciones inherentes a la red es el célebre portal You tube donde, inmersos en la estupidez más abigarrada, se sitúan algunos testimonios por los que merece la pena haber acumulado horas de decepción. Apenas escrito "testimonios" me asalta la incertidumbre sobre lo apropiado del término para el caso que quiero relatar: hace unos meses di con la entrevista que Joaquín Soler Serrano (rectifico, las entrevistas) realizó a Jorge Luis Borges para su programa A Fondo, de Televisión Española. Las comparaciones son odiosas reza un adagio manido hasta la saciedad, empero cualquiera que se sumerja en las cadenas televisivas nacionales hoy en día tras haber contemplado la dinámica de A Fondo, deplorará la ausencia siquiera de un formato de programa cultural análogo. Pues bien, la semana pasada tuve el azar de que el término de búsqueda acabara dando resultado. Aun a sabiendas de que la fragmentación del testimonio que propongo a continuación puede exasperar a más de uno, creo que visualizarlo será trasladarse por unos minutos a la magia de uno de los centros germinativos sin duda más interesantes de la poesía hispánica del siglo pasado.

Me aseveran que apenas se puede escuchar la voz de Octavio Paz salvo que se conecten los auriculares a los altavoces. No sé si es cierto, dado que yo siempre lo escucho de ese modo.