martes, 29 de julio de 2008

Del desierto y el libro a Edmond Jabès



Del desierto al libro - Edmond Jabès
En el año 2000 la editorial Trotta publicó la traducción de un texto fundamental para todo lector de Edmond Jabès: Du désert au livre. Se trata de una suerte de diálogo o entrevista que mantuvieron, allá por la década de los ochenta del siglo pasado, el mencionado autor y Marcel Cohen. Una de sus peculiaridades consiste en el carácter lateral de la pieza, considerada con respecto a los otros libros de Jabés. Lateral, decimos, y por ello mismo, imprescindible, dada su condición o aspiración esclarecedora sobre la obra de este autor tan singular. Ciertamente, habría que incidir que el adjetivo de esclarecedor operaría de un modo radicalmente distorsionador: las palabras, en Del desierto al libro, no alumbran las zonas de oscuridad, brindan la oscuridad con toda la cegadora carga de ausencia que les es consustancial. Más que esclarecer, ahonda en los movimientos de su escritura propiamente creativa. Acaso habría que resaltar que toda la producción jabesiana emerge de las fallas o grietas en el margen de un libro que prolongara, en su caos oceánico, el vértigo. Lateralidad de lo lateral, entonces, que a fin de cuentas sería un astro en la espiral sin centro.
Del
Para Jabès, la escritura se confunde, en su clara apuesta por el riesgo, con el estar (tal como asoma en el significativo poema Stehen de Paul Celan perteneciente al volumen Cambio de aliento) del hombre: las imágenes van fluyendo cual corriente, ora cenagosa, ora cristalina. La búsqueda es una pregunta hacia la nada que ha de convocar a las palabras vírgenes, conocedoras del gravamen de su memoria. La existencia como perpetua pregunta recomenzada; sospechosa toda respuesta que ignore u olvide su validez puramente transitoria:

"El libro, en el que se supone que todo es posible a través de una palabra que creemos poder dominar, y que, finalmente, resulta que no es más que el lugar de su fracaso".
desierto
En el centro de ese libro ideal, arquetípico, al que aspira todo libro -y que apenas será rozado por las frases que circulan por la hoja- un vacío configura, en su débil trazo, la imagen de un hombre solitario. Extranjero del extranjero, hermano de la arena. En el libro, este extranjero se reconcilia con su diferencia: entiende que la agonía del silencio es el sentido mismo del vocablo que anhelaba. Búsqueda del sentido de la palabra primigenia o última; encuentro del silencio que se revelaría, paradójicamente, como espacio hacia el que las palabras tendían, perfilando una pasión agotadora:
jabès
"La palabra tiene permiso de residencia únicamente en el silencio de las demás palabras. En primer lugar, hablar es apoyarse en una metáfora del desierto, es ocupar una blancura, un espacio de polvo o ceniza, donde la palabra victoriosa se ofrece en su desnudez liberada."
al
Las manifestaciones de Jabès rotan alrededor de las preguntas de Marcel Cohen, rehuyendo cualquier fijación que aboliera su sed de apertura a la multiplicidad de los sentidos. Diálogo, pues, que nos remitiría a la visión del árbol ofrecida en la proliferación de sus ramas y en la agónica, exhausta indagación terrestre de las raíces: profundización hacia el mineral y el agua, como en aquellos versos que Peter Huchel dedicara a su hijo en el poema El jardín de Teofrasto:
libro
"ten presente, hijo mío, ten presente a quienes un día
plantaron conversaciones como se plantan árboles."
jabès
Además de las continuas referencias y alusiones a su escritura, Jabès desgrana también su pensamiento sobre temas que siente próximos o sobre sus avatares biográficos. Este breve opúsculo de Jabès, como todos los suyos, se adhiere a esa región de la escritura donde las fronteras quedan abolidas, puesta entre paréntesis toda certidumbre, para engendrar así una honda reflexión intuitiva. Palabras de un libro que nos confrontan con el desierto. Ardientes arenas del pensar que soslayan toda respuesta cómoda a los interrogantes del hombre, de un hombre solo frente al mundo.
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