domingo, 17 de diciembre de 2006

Justificación de un nombre


Antecedentes


Voy a intentar esbozar los fenómenos que me condujeron a adoptar un blog como vehículo de expresión de mis inquietudes, principalmente de tipo literario, aunque no eludiré la entrada a otros campos de mi interés.

La primera lectura que hice de un blog fue el pasado mes de noviembre. Hasta entonces los desdeñaba como meros acopios de las circunstancias biográficas o los avatares estultos de unos cuantos individuos sin pudor. Sin embargo, mi juicio se modificó por completo cuando, motivado por las noticias que recogía el currículo general de los autores que fueron invitados a participar en el Tercer Congreso de Poesía Canaria, incurrí en la visita reposada al blog o espacio de Daniel Bellón (www.islasenlared.net). El otro aspecto decisivo en mi contacto primero con este tipo de blogs fue la información que me suministró alguien a quien conocí al calor de dicho evento sobre el Diario de Lecturas que llevaba Vicente Luis Mora (http://vicenteluismora.blogspot.com). Poco después, no recuerdo cómo, di con el otro blog enlazado en la columna de la derecha, el del poeta Jordi Doce (http://jordidoce.blogspot.com).

En segundo lugar destacaría la ponencia del citado Daniel Bellón en el Congreso de Poesía Canaria, que subió a su blog (se puede leer aquí: http://www.islasenlared.net/poesia-en-tiempo-de-redes ). Mi intención es abordar el desarrollo de este congreso en otra entrada, pero quisiera advertir ahora que, de todas las celebradas durante la semana del 6 al 11 de noviembre, la de Daniel Bellón constituyó, sin lugar a dudas, una de las más interesantes, sobre todo por su carácter imprevisible. La mayoría de los restantes autores se ciñó a un guión preestablecido según las afinidades literarias (muy ostensibles y centradas por lo general en el infeliz debate sobre la falsa dicotomía entre las dos definiciones de poesía en boga desde hace ya años), lo cual no deja de ser enriquecedor, empero denota una cierta inmovilidad o anquilosamiento del pensar, tanto en términos de los argumentos esgrimidos como de los temas abordados (ya citaré nombres, señas, tatuajes y color de la saliva si hace falta).

En su conferencia Bellón reparó en los cambios que han experimentado las sociedades contemporáneas en todos los órdenes, y, desconcertado, advirtió asimismo que "Mi sensación es que buena parte de la poesía española e isleña de las últimas décadas trata, deliberadamente en muchos casos, de rehuir el conflicto, en cualquiera de sus formas: social, político, científico, socio-tecnológico, incluso íntimo, que pueda arramblar con su mundo de verdades eternas". Me percaté del peligro que supone orillar los fenómenos en los que nos hemos visto inmersos en las últimas décadas, y que un blog podía representar un medio expresivo de calibre inigualable para procurar una apertura singular, una especie de atalaya o subterráneo desde el que atisbar y exponer ciertas cuestiones que creyera atractivas.

¿Y por qué la utopía?

Una vez enunciada las vicisitudes que me arrastraron a la creación de este blog, queda por elucidar el problema del título. Tan simple resultó la elección que apenas comporta enigma alguno: el único lugar posible desde el que juzgar con cierta neutralidad las propiedades de los lugares o espacios, es, indudablemente, el no lugar. La utopía, como forma literaria, quedó silueteada en la obra de Tomás Moro con una triple vocación que los siglos no harían más que permutar, acendrar u ornamentar: se erige en primer lugar, pues, en un relato de ficción que narra la vida desde otro lugar, un lugar no existente; esto a su vez nos lleva a las otras dos vocaciones: la de proponer un modelo alternativo en el que se perfeccionasen las distintas instituciones, acciones y comportamientos de los hombres, y en tercer lugar, la de elaborar una crítica a las aberraciones sociales. Crítica, por lo demás, que sería argumento principal en el que se sustentase la necesidad del cambio social, ya sea mediante una mera modificación de ciertos aspectos ominosos o malhadados, ya mediante la propugnación de un cambio radical de paradigmas y valores.

Llegados a este punto, ¿cómo no acudir a la palabra intensa de Edmond Jabés?

«Si ningún lugar es el mío, ¿cuál será mi lugar verdadero?
»Ya que estoy vivo, tengo que estar presente en algún sitio», decía un sabio.
«¿Quizá –le contestaron- esté el lugar verdadero en la ausencia de todo lugar?
»¿El lugar, precisamente, de esta inaceptable ausencia?»
Y el sabio dijo: «Habitable infinito. Para los de mi raza, remanso de gracia».

(Un extranjero con, bajo el brazo, un libro de pequeño formato)
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